ANÁLISIS DEL RIESGO EN MONTAÑA.

En primer lugar, me gustaría señalar que el objetivo de este texto, más o menos acertado, es dar pie a una pequeña reflexión individual  acerca de las decisiones y actuaciones que se toman en  la montaña. Así, si se logra evitar un solo accidente, la finalidad de este escrito estará  más que cumplida. Todo lo escrtito a continuación está basado en  diferentes referentes bibliográficos (ver referencia bibliográfica) y en mi propia experiencia,  lo que ofrece como resultado una reflexión subjetiva, lo que invita a que surjan otros puntos de vista, a los cuales me muestro totalmente abierto a valorar. De hecho animo al lector a realizar críticas o comentarios constructivos para que todos nos enriquezcamos en este aspecto tan peliagudo, como es el tema del riesgo en la montaña y por ende  la prevención de accidentes en la misma.

EL RIESGO

Cuando hablamos de riesgo estamos diciendo que existe proximidad de producirse un daño, es decir, que un peligro existente se materialice y produzca unas consecuencias sobre la persona.
De esta manera nuestro objetivo en cualquier actividad que realicemos siempre debe ser reducir al máximo posible el riesgo al que nos expongamos, independientemente si realizamos una vía extrema o hagamos un trekking de varios días. Al hablar de reducir al máximo, ya introducimos algo que también debe quedarnos siempre claro y que a nuestros compañeros, discípulos o clientes, debemos transmitirles desde sus inicios y es que el riesgo cero no existe. 
 A partir de aquí los parámetros de los cuales va a depender que el nivel de riesgo vaya en aumento van a ser cuatro:  la exposición, la probabilidad de ocurrencia, las consecuencias y medios que se disponen en caso de producirse el daño.
Debemos tratar de estar el menor tiempo posible expuestos al peligro que tengamos detectado, por ejemplo, cuando  se rapela por la cara sur del Naranjo de Bulnes se sabe que si hay cordadas por encima es probable que caigan piedras,  por lo que al llegar al suelo habrá que intentar recoger las cuerdas rápidamente fuera de la línea de caída de piedras y situarnos en una zona segura para comentar lo guapa que ha sido la actividad, ordenar el material o comernos el bocata.
Por su parte también buscaremos realizar la actividad con el mínimo de probabilidad de que el peligro reconocido se materialice, es decir, si vamos haciendo esquí de travesia  y sabemos que existen laderas con posibilidad de producirse un alud por sobrecarga,  pasaremos de uno en uno respetando las distancias de seguridad y tratando de progresar lo más suavemente posible.
Igualmente intentaremos que las consecuencias que se puedan derivar en caso de producirse un accidente sean las mínimas posibles y tratar de minimizar el daño poniendo todos los medios de los que se pueda disponer. Si  mi compañero de actividad queda enterrado por un alud deberé llevar mi pala, mi arva y sonda y conocer el protocolo de búsqueda, o si estoy en una vía alpina y mi compañero queda mal herido por una caída, deberé tener unos conocimientos mínimos de autorrescate y  llevar cordinos de sobra para realizar las maniobras pertinentes.

LOS PELIGROS

En cuanto a los peligros podemos encontrar de dos tipos: objetivos  y subjetivos. Los riesgos objetivos son independientes de la presencia del  montañero y más difíciles de predecir (caída de piedras, aludes...) y los riesgos subjetivos son los asociados a la propia persona, por lo que en general se pueden detectar con más facilidad y poner en práctica acciones preventivas (preparación física, conocimientos de orientación, exceso de confianza...). La mayoría de los accidentes vendrán causados por estos peligros subjetivos. Así de los peligros objetivos y subjetivos surgen los riesgos objetivos y subjetivos.

VALORACION DEL NIVEL DE RISGO QUE SE ASUME

Para valorar si estamos dispuestos a asumir el riesgo que se deriva de un determinado peligro, vamos a proponer un sistema donde se  cuantifican los parámetros que influyen en el riesgo y así obtener un resultado que nos marque en que nivel de riesgo se sitúa. Esto permite decidir de una manera consciente si se asume o no el riesgo inherente a la actividad.
  • En primer lugar definimos los parámetros cuantificados de 1 a 5:
-La exposición física. Valoración de 1 a 5: Siendo 5 la puntuación que se otorga si en caso de materializarse el peligro al que nos exponemos estamos situados de tal manera que con toda seguridad nos veremos afectados. Siendo 1 la valoración que daremos si es prácticamene nula la posibilidad de que nos veamos afectados en caso de materializarse el peligro amenazante. (Ejemplo: si estoy escalando en una chimena y el peligro a valorar es la caída de una piedra, la puntuación será 5; a la base de los rápeles del Naranjo de Bulnes se le daría una puntuación de 2/3). 
 
-La exposición temporal. Valoración de 1 a 5: Siendo 5  cuando  durante el total de la actividad se está expuesto al riesgo (por ejemplo si durante todo el día de actividad la temperatura máxima será -15ºC). Puntuaremos con un 1 cuando sea un periodo de tiempo muy puntual el que nos expongamos al riesgo (por ejemplo en una actividad de trekking trepar 5 metros de II grado)
* La puntuación que se otorgará a la exposición cuando se valore en los riesgos propios del medio resultará de sumar ambas (temporal y fisica) y dividirlas entre 2.
-La probabilidad de ocurrencia. Valoración de 1 a 5: Puntuaremos 5 cuando existe el 100 % de probabilidad de materializarse el peligro que estamos analizando (por ejemplo unos colmillos de hielo que aguantan suspendidos de milagro a final del invierno con orientación Oeste y para el día de la actividad dan unas subida de temperaturas que llegarán a los 25ºC). Daremos una valoración de 1 si la probabilidad de que se desencadene el peligro detectado es prácticamente nula (por ejemplo viendo todos los partes del tiempo  dan parcialmente nublado , la probabilidad de ocurrencia de una tormenta eléctrica es 1).
-Consecuencias. Valoración de 1 a 5: Se considera  5 cuando la gravedad de los efectos sufridos al materializarse el peligro detectados son fatales, produciendo muy probablemente la muerte (si se desprende un bloque escalando sin cuerda). Puntuaremos con un 1 si las consecuencias son leves y sin importancia para el accidentado, pudiendo continuar la actividad (caídas por resbalones dando una vuelta a los Lagos de Covadonga)
-Medios. Valoración de 1 a 5: Si una vez producido el daño no se  dispone de ningún tipo de recurso para solucionar la nueva situación o minimizar el daño producido, se cataloga con un 5 (por ejemplo en una vía de escalada un compañero de cordada queda incosnsciente por la caída de una piedra, no conozco maniobras de autorrescate y me encuentro en una zona sin cobertura). Daremos un 1 si se disponen de todos los medios posibles para minimizar el imprevisto producido (por ejemplo en un trekking se mete niebla pero concozo el itinerario perfectamente, sé usar mapa y brújula, llevo gps y tengo móvil con bateria para llamar en caso de emergencia). Es importante a la hora de hacer la valoración de los medios si nos encontramos en lugares remotos o sin cobertura.


  • Una vez definidos los parámetros de los que depende el riesgo pasaremos a ponderar del 1 al 5 los riesgos  que se derivan de la actividad que se vaya a realizar, diferenciando dos grandes grupos: los propios del medio y los derivados del medio, de manera que al final se obtenga una puntación, ver en que  nivel  se sitúa y así decidir si se asume o no dicho riesgo.




  • Una vez detectados y analizados los riesgos planteados,  también habrá que hacer una valoración de factores asociados a la actividad. Estos factores, relacionados con la persona y con el material, si no se gestionan de una manera adecuada pueden dar lugar al desencadenamiento de nuevos peligros y dar pie a la exposición de riesgos inicialmente no valorados o a un incremento del nivel riesgo que se había previsto asumir. Tener en cuenta estos factores resulta básico a la hora de planificar una activiad, siendo probable que  la valoración inicial que se había realizado de los riesgos inherentes a la misma sea distinta y haya que revaluarlos y ponderarlos de nuevo.



  • Así, una vez está ponderado el riesgo que se está analizando en los cuatro parámetros, los sumaremos y según la puntación obtenida veremos en que nivel se  sitúa y si se considera un riesgo asumible o no:


Este análisis de los riesgos a los que nos vamos a enfrentar, lo haremos cuando se planifique la actividad desde casa, pero el medio es cambiante, de manera que los datos que hayamos obtenido nunca serán definitivos, habrán sido una estimación para ir en alerta y conocer los peligros que nos podemos encontrar. Al comenzar la actividad debemos de nuevo valorar estos peligros sobre el terreno al igual que lo iremos haciendo según avance el día (ver la evolución de las nubes, temperaturas, presión, desprendimientos, etc.). Nuestro nivel de alerta y atención nunca debe de bajar, pues un peligro que sobre el papel se había catalogado con un riesgo mínimo puede convertirse en alto y exponernos a él de una manera inconsciente. Esto puede provocar un fatal desenlace. Asimismo, durante la actividad pueden surgir peligros que inicialmente no se habían tenido en cuenta, habrá que analizarlos y en consecuencia tomar decisiones.

PERCEPCIÓN DEL RIESGO
Cuando se realiza la valoración de un riesgo,  esta será únicamente válida para cada individuo, pues cada persona percibe de una manera diferente su realidad, en función de su personalidad y su experiencia. Cuanto mayor sean las experiencias que se tengan, se tendrá una percepción más ajustada a la realidad  (la primera vez que alguien escala en top rope puede ser que perciba que se está jugando la vida a causa de una falta de formación y experiencia). De esta manera cuando se tiene poca formación y  experiencia se puede hacer una valoración de los riesgos asumidos incorrectos al tener una percepción distorsionada. En este caso es cuando se asumen riesgos inconscientes por incompetencia, no se sabe que no se sabe. En esta fase si se tiene un carácter excesivamente aventurero, la posibilidad de acabar en el hospital es bastante elevada. Superada esta etapa, según se acumulan experiencias se pasa a una situación de incompetencia consciente, se sabe que no se sabe. En esta fase la probabilidad de accidentarse se reduce bastante pues valoramos el riesgo y sabemos que no estamos preparados para afrontarlo. A continuación, al incorporar la formación que se hacía insuficiente, se pasa a la competencia consciente, quizá sea el momento donde menos accidentes se produzcan al tener la suficiente experiencia y formación como para hacer una valoración bastante ajustada a la realidad de los riesgos y  a su vez se tienen los medios y herramientas a nivel personal para saber como gestionarlos. Aquí el nivel de alerta es muy alto pues se sabe lo que hay en juego. Pasado este periodo, si esta situación de peligro la he gestionado en muchas ocasiones, todas sin percances y la realizo ya de forma automática sin pensar estoy en la competencia inconsciente, una situación donde nuevamente se vuelven a producir muchos accidentes por una falta de atención y confianza derivados de la rutina.
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De esta manera queda claro donde debemos intentar situarnos siempre que hagamos actividades de montaña, en la competencia inconsciente, la cual es una suma de experiencias conscientes, preparación y formación, pero sin bajar nunca la guardia, manteniendo siempre la alerta, será la manera de minimizar la probabilidad de producirse un accidente
 LOS ACCIDENTES

Cada vez que nos vemos implicados en un accidente o leemos algún accidente ocurrido el pensamiento no debe quedarse simplemente comentarios tópicos como "que mala suerte" ,  "si es que se lo estaba buscando" , "era una actividad muy peligrosa...normal.", "la montaña es lo que tiene". El analisis debe de ser más profundo haciendo preguntas como "¿Por qué no comprobó el material?", "Como se ha producido el accidente" "¿Por qué decidió esquiar esa ladera?... para así poder extraer de la manera más objetiva posible cuales fueron los riesgos asumidos, con que nivel de consciencia se asumieron los mismos y que decisiones y acciones se tomaron para gestionar estos riesgos.  Mientras mayor sea nuestro conocimiento de la accidentabilidad en la montaña también seremos unos mejores gestores del riesgo.
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De modo estadístico y para dar lugar a un pequeña reflexión señalamos algunos datos objetivos:

  • El 5% del total de accidentes ocurridos en Pirineos ha requerido la intervención de los servicios de rescate (Fuente A.Sanchez)
  • Un 1% del total de practicante de actividades en montaña sufre un accidente (Fuente A.Sanchez)
  •  En Pirineos la principal cuasa de los accidentes viene producida por caídas en senderos (25%) y roca (38)% ( según fuente Alberto Ayora)
  • Las caídas de piedras producen entorno a 10 % de los accidentes
  • La causa más frecuente de la petición de rescate es el extravio , un 40 %  seguido de los barrancos con un 12% y caídas de escalada con un 6%(Según fuente de  M. Avellanas)
  • El 46% de los accidentes ocurrieron en actividades consideradas poco difíciles y solo el 5% en actividades muy difíciles. Encontrando una buena climatología en el 65% de los accidentes ocurridos.(Fuente M.Avellanas)
  • El 40% de los accidentados se encontraba mal equipado y un 43% poseía una experiencia considerada totalmente insuficiente. El 30% accidentados con una experiencia media (Fuente M.Avellanas)
  • Un 97% de los excursionistas-montañeros no hace cursos de formación (Fuente M.Avellanas)
  • Aproximadamente el 80% de los accidentes provienen del factor humano (1ºsobrestimaci´´on de las posibilidades (40%), 2º mala planificación, 3º Nivel técnico y físico) el 15% de factores del ambiente y el 5% de factores relacionados con el material.(Fuente A.Ayora)
  • El 93% de los accidenteados realizaba la actividad sin guía titulado (Fuente Ministerio del Interior)
De estos datos podemos extraer alguna conclusión:
  • Si por cada 100 actividades en montaña se produce un accidente, significa que tarde o trempano nos veremos involucrados en algún accidente, por la tanto debemos estar lo mejor preparado posible para cuando suceda (primeros auxilios, técnicas de autorrescate...), no obstante tampoco debemos ser alarmista pues son el 5% los que precisan de los servicios de rescate, es decir que de cada 100 accidentes que suframos solo 5 podrían ser considerados con cierta gravedad. Con lo cual estimaríamos que se tendrían que hacer unas 2000 actividades de montañas hasta vernos implicados en un accidente grave.
  • Resulta llamativo que un 40 % de la llamadas de emergencias se debido a extravíos, es decir, que de cada tres personas que salen al monte una seguro que se perderá por un desconocimiento de la ruta, del terreno y de los medios de orientación. Muy probablemente en este grupo se incluyan ese 40% de montañeros que salen sin el equipamiento necesario y que tras el accidente reconocen tener una experiencia insuficiente , un 43%. 
  •  Podemos extraer que el mayor número de accidentes se produce en baja y media montaña y en actividades consideradas como fáciles y con buena climatología, con lo que existe una total falta de conocimientos básicos de la montaña que se irán arrastrando según se va adquiriendo más experiencia y una falsa seguridad en muchos casos.
  • Los peligros del medio en ocasiones son los responsables de los accidentes, pero es aplastante el porcentaje de accidentes que son a causa del factor humano , un 80% (factores fisiológicos, psicológicos y organizativos) , por lo tanto queda claro donde hay que realizar el principal trabajo de prevención de accidentes.
  • A pesar de vivir en la sociedad de la sobreinformación, el perfil de un alto porcentaje de  personas que salen a la montaña  carece  de una correcta información y formación, y dado su caracter autodidacta no considera necesario recurrir a los servicios de un guía de montaña ni realizar ningún tipo de curso.
Ahora bien, nuestros analisis no deben quedarse solamente en estas cifras y el analisis de los accidentes ocurridos. En un número mucho mayor que los accidentes ocurren los incidentes, definiendo estos como aquellos sucesos inesperados, que en ocasiones provocan un algún leve contratiempo pero no causan trauma alguno; el azar, la casualidad o una decisión tomada aleatoriamente hacen que no se desencadene el accidente, sin embargo en otras circustancias podría haberse provocado.  Estos hechos que ocurren con frecuencia y  a menudo pasan desapercibidos cobran gran importancia si se detectan y  analizan de manera profunda, pues pueden prevenir futuros accidentes.
PENSAMIENTOS QUE GENERAN INCIDENTES/ACCIDENTES
De forma puntual detallo algunos pensamientos  o formas de actuar que hacen aumentar la probabilidad de que suceda algún tipo de percance:

  • "Yo siempre utilicé este sistema/método/maniobra... y nunca me ha pasado nada"-Ejemplo: Yo siempre aseguré con el ocho y nunca pasó nada.
  • "Soy el lider del grupo, han puesto en mi todas las esperanza para hacer la actividad, no puedo abandonar"-Ejemplo: Hacer una cima fuera de horario
  • "Voy a demostrar a mi novi@/amig@ de lo que soy que capaza de hacer"-Ejemplo: Vía de varios largos por encima de las posibilidades reales.
  • "Por aquí pudes bajar sin problemas es super fácil"-Ejemplo: Esquiador principiante guiado por amigo "experto".
  • "Como ya dije que por aquí era el camino, ahora ya no voy a rectificar"-Ejemplo:Atajo para llegar antes al refugio y se pierde totalmente el camino y la referencia de donde se esta pero se sigue confiando en la diosa fortuna para aparecer en el refugio sin decir la verdadera situación.
  • "Ese grupo que va delante cruzo el paso por aquí...vamos bien"-Ejemplo: Seguir huellas de esquí de travesia con plena confianza sin valorar el terreno ni las condiciones
  • "Es nuestra única semana de vacaciones, hemos hecho 10 horas de coche y 4 de aproximación para hacer este corredor, ahora no vamos a dar la vuelta aunque no este del todo formado"-Ejemplo: Hacer un viaje muy esperado a Alpes y después del madrugón y el pateo las condiciones de la cascada de entrada al corredor son muy precarias.
  • "Tengo mucha experiencia, no me hace falta oir consejos de nadie". Ejemplo: Marcha por nieve por una zona que se va por primera vez  y al pasar por un refugio no se consulta al refugiero por las condiciones de la montaña.
  • "Cuando vuelva al club me hacer un homenaje por la pedazo actividad que voy a hacer".-Ejemplo: Buscar una ruta muy díficil para buscar un reconocimiento social
CONCLUSIONES
Desde el momento en que nos levantamos por la mañana, a cada paso que damos estamos asumiendo un riesgo (de caída, resbalón...) aunque este sea prácticamente despreciable. Por tanto si nos vamos a la montaña, un medio cambiante e inestable, e incorporamos todas las variables humanas que se ponen de manifiesto en una actividad de forma categórica se puede afirmar que el riesgo 0 nunca existe, y este es un prinicipio que debe quedar claro. Ahora bien, el fin debe ser llegar a ser capaz de planificar óptimamente  y prevenir los riesgos que implica cada actividad lo más objetivo posible antes de cada salida. Algo más complicado, que requiere de años de experiencia y formación, será cuando se esta en el propio medio detectar donde esta realmente el peligro previsto así como los nuevos que hayan podido surgir durante la propia actividad y tomar las decisiones acertadas en función de esta valoración in-situ. Tener una mente abierta y flexible a los cambios se muestra fundamental a la hora de detectar, valorar y decidir que acción tomar ante los  peligros de la montaña; la rigidez, las ideas predeterminadas, la falta de adaptabilidad, la falta de constante  analisis del medio son actitudes negativas que provocarán una influencia negativa en la toma de decisiones. No obstante, resulta complicado no hacer valoraciones del riesgo sobre valoradas o infra valoradas, pues tanto anteriores experiencias, como la  propia personalidad ó la motivación  por lograr un objetivo pueden provocar una distorsión del riesgo real que se asume, quizá sólo cuando se han acumulado en el cerebro múltiples incidentes y/o accidentes se es capaz de hacer valoraciones más ajustadas.
Una vez se tienen controlados y se es consicente de los riesgos implicitos se debe decidir si se asume o no ese determinado riesgo, si se asume se debe tener las capacidades y los medios necesarios para minimazar ese riesgo y sino se tienen asumirlo siendo consciente de que no se tienen esos medios y/o capacidades. En definitiva se trata de ser conscientes y responsables de nuestros actos y de las consecuencias que se pueden derivar de ellos.
Las estadísticas nos dicen que el número de practicantes en actividades relacionadas con la montaña cada año va a en aumento, con una profesionalización cada vez mayor. Así aparece otra figura clave a la hora de educuar y formar: el guía de montaña el cual desempeña un  rol social cada vez mas presente e influyente en la sociedad, de manera que su implicación en el fín de fomentar la seguridad en la montaña y reducir los accidentes debe ser clave.
BIBLIOGRAFIA

  • Gestion del Riesgo. Alberto Ayora
  • Seguridad y riesgo. Pit Schubert
  • www.fam.es
  • www.encorda2.com
  • www.fempa.net
  • Asociación Española de Guías de Montaña

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