Historia del Montañismo

¿Qué es alpinismo y montañismo?, ¿cuándo y donde nacen estas disciplinas?.  ¿Es el alpinismo parte del montañismo?. ¿Qué debe hacer uno para considerarse montañero o alpinista?. ¿Cuándo un montañero pasa a ser un alpinista.?. ¿Existen diferentes tipos de alpinismo?…Lo primero que debe saberse antes de plantearnos cualquier tipo de cuestión es conocer la historia del propio montañismo y alpinismo.

Introducción

Nosotros senderistas, montañeros, escaladores, alpinistas… comúnmente nos referimos al término alpinismo y/ó montañismo cuando hablamos de nuestra afición, pasión o incluso forma de vida., y de forma genérica todo el mundo sabrá que lo que hacemos es subir montañas, pero;  ¿Cuándo y dónde nacen estas disciplinas?. ¿Qué es alpinismo y montañismo?. ¿Es el alpinismo parte del montañismo?. ¿Qué debe hacer uno para considerarse montañero o alpinista?. ¿Dónde acaba un término y empieza el otro?. ¿Cuándo un montañero pasa a ser un alpinista.?. ¿Y un escalador de grandes paredes es un alpinista?.¿Existen diferentes tipos de alpinismo?. ¿Qué ética debe tener un alpinista?. Asimismo, el alpinismo a lo largo de los años ha ido evolucionando, ¿se entiende hoy el alpinismo de la misma forma que hace 40 ó 50 años?.

Son preguntas de difícil respuesta, y  seguramente cada uno tenga una distinta con sus propios matices, al ser un terreno de juego sin unas reglas claramente definidas, pero  sin lugar a duda lo primero que debe saberse antes de plantearnos cualquier tipo de cuestión y tener una opinión, es conocer la historia del propio montañismo y del alpinismo.

El francés Teilhard de Chardin escribió que la estructura del futuro se conoce a través de los cimientos del pasado. Y para saber hacia dónde va el camino de la montaña, qué mejor manera que conocer a los pioneros del estilo y el sentimiento que han puesto a tantas generaciones en la búsqueda de lo “inútil”.

Sería muy pretencioso por mi parte tratar de abarcar desde aquí en unas pocas líneas toda la historia que ha acontecido en las montañas desde sus orígenes, y mucho más aún, el dar una respuestas contundente a las preguntas planteadas anteriormente. Mi pretensión sin más, es dar unas pequeñas pinceladas a través de la recopilación de diferentes textos, de los orígenes y evolución del montañismo de forma que esto pueda llevar una reflexión personal en cuanto al tipo de actividad que cada uno desarrolla, ética, valores, estilo, pretensiones….y así quizá actuar con un mayor conocimiento de causa.

Precedentes Históricos

La historia de la humanidad siempre ha estado ligada a las montañas bien con un carácter militar, divino, religioso, místico ó mitológico. Los primeros antecedentes de la presencia del hombre en las montañas se remontan a hace más de 5.000 años, (Edad de Bronce), como confirma el encuentro del hombre de Similaun en un glaciar fronterizo en el Tirol a 3.200 mts., el cual perece en el intento y es conservado momificado por los hielos hasta 1991 que fue hallado. Con posterioridad, (218 – 216 A.C), el líder cartaginés Aníbal cruza los Pirineos y los Alpes con el fin de atacar el imperio Romano en las guerras Púnicas.

En 1285 Pedro el Grande ascendió el Canigó y se cuenta según la leyenda que allí, hubo de enfrentarse a un dragón al que venció. En volcanes andinos a casi 6.000 mts. se han encontrado restos de altares, ofrendas y sacrificios. Los maoríes por su parte en Nueva Zelanda hicieron sagrados algunos de sus volcanes.

En la cumbre del Monte Sinai, Moises recibió las Tablas de la Ley (los Diez Mandamientos ), hinduistas y budistas crearon el centro de un universo alrededor del Monte Kailas en Himalaya (la montaña de los dioses), y en lugares donde no existían montañas se construyeron como Egipto o México.

Siglo XV-XVI-XVII

Para remontarnos al primer encuentro documentado de una ascensión a una montaña con un fin deportivo, hemos de remontarnos al año 1492, cuando un puñado de soldados ascienden el Monte Aiguille, al Sur de Francia, bajo las órdenes del Rey de Francia. A pesar de su escasa altura (2087 mts.), esta montaña considerada inaccesible supuso un desafío y una verdadera conquista para la época.

Es en este periodo renacentista caracterizado por una nueva concepción del mundo y del hombre, donde surge uno de los precursores del montañismo, Leonardo Da Vinci enunciando que quién pinta un paisaje se ve obligado a conocer todos los componentes que desea representar, rocas, montañas, ríos….Este sentimiento estético del conocimiento sería manifestado por diferentes personajes a lo largo del siglo XVI y XVII, aunque no sería hasta el siglo XVIII y XIX cuando este sentir de las montañas tomará un mayor dinamismo y llevará a culminarse en la verdadera práctica del alpinismo.

Destacar que a finales del XVII Torricelli inventa el barómetro de mercurio, acontecimiento de gran importancia para el desarrollo del alpinismo en los años venideros, al poder ofrecer con exactitud las mediciones de las altitudes de las montañas, las cuales hasta entonces se encontraban muy desfasadas. Se llegó a creer que el Teide era el pico más alto de la Tierra.

Por su parte, en estos años desde el otro lado del mundo las campañas de Cortes y Pizarro hacen llegar numerosas historias de aventureros y soldados acerca de las asombrosas montañas que se encontraban a su paso. Reseñar la ascensión que hizo Diego de Ordaz al Popocatépetl (5.540 mts.) con un fin exploratorio en busca de azufre, asimismo un espíritu aventurero llevaba a J.F. Ladrillero y F.C . de Ojea en 1557 a ser los primeros en toparse con el Hielo patagónico.

Siglo XVIII

Pasamos al siglo XVIII, llega la ilustración y con ella “ la razón” y la era de las ciencias de la naturaleza ligado a un pensamiento científico el cual sería el impulsor del estudio de las montañas y, a la postre, del nacimiento del alpinismo. A principios de siglo era común denominar a los Pirineos y los Alpes como “esos montes horribles…”, palabras que respondían al desconocimiento que aún existía de estas montañas, más que por las tragedias reales que allí sucedían. En líneas generales, el hombre vivía de espaldas a la montaña si no era por necesidad, no veían la montaña como objeto de pasión ni atracción. Este pensamiento generalizado, comenzaría a experimentar un cambio gracias a hombres como J.J. Scheuchezer, el cual llevaba a sus alumnos a los Alpes a aprender directamente de la naturaleza, una línea educativa ligada al montañismo que también llegaría bastantes años más tarde a nuestro país de la mano de Institución Libre de Ensañanza. De momento, en estos años España arrastra el peso de una profunda decadencia que dificulta la inserción del movimiento cultural europeo del “viaje a la naturaleza”.

A pesar de este lastre, existen exploradores con espíritu aventurero, encontrando así la primera ascensión publicada a un gran pico en 1754, el Picacho de Veleta era ascendido por parte de Ponz. Este subió con un guía para orientarse, un pescador y un cazador para alimentarse, un agrimensor para medir distancias y altitudes, un dibujante para hacer los croquis y un arriero para las caballerías.Anteriormente ya había habido ascensiones en América y alguna de Canarias de mayor de altitud.

Por su parte en Pirineos, a finales de siglo, el geógrafo Vicente de Heredia (podría considerarse el primer pirineaista español) realizó numerosas mediciones geodésicas y mejoró las cartografía existentes ascendiendo grandes montes como el Taillón o el Argualas.

En esta época de cambios de mentalidad, donde se comienza a dar una nueva visión geológica del planteta y una cronología del origen de la Tierra diferente a la descrita en la Biblia, es cuando surge “la montaña símbolo”, el Mont Blanc. Esta montaña pese a ser la mayor de la Cordillera se conoció tarde, y no tuvo unas connotaciones religiosas de cima sagrada, de esta forma se la relacionaría irremediablemente con las ideas de la Ilustración, razón, libertad y justicia.

Un 24 de Julio de 1760, Horace Bénédict de Saussure se detuvo a contemplar el macizo del Mont Blanc desde la lejanía, ante la admiración de tales montañas surge la idea de que el Mont Blanc podía y debía ser escalado. Por primera vez se planteaba en la cabeza y el corazón de un hombre un sueño arriesgado y prácticamente irracional. H.B. de Saussure acababa de inventar el alpinismo (“alegría del descubrimiento, iniciación en un mundo desconocido, gusto por el riesgo, pasión por vencer las dificultades, belleza de un paisaje y mezcla de emoción y serenidad” A. Monglond. ).

Después de varios intentos para alcanzar la cima, finalmente en 1786 lo conseguirían ascender Michel-gabriel Paccard y Jacques Balmat, un año después también lo haría De Saussure.

Durante estos años nace la profesión de guía y se alcanzan las principales cumbres alpinas. Tras la ascensión del Mont Blanc, el desarrollo del alpinismo sufrió un pequeño freno debido a las guerras napoleónicas, pero a partir de 1818 volvería a reanudarse con nuevos retos y nuevos horizontes puestos en la conquista del Polo Norte o el Himalaya.

Siglo XIX

Pasamos al siglo XIX, y con la llegada del romanticismo el sentimiento por la montaña crece entorno a tres claves: la poesía, la geografía y la moral.

Comienza el siglo, y con él, el nacimiento del pirineismo francés con la ascensión al Monte Perdido en 1802 por parte de uno de los grandes naturalistas y exploradores del momento, L. Ramond de Carbonnieres. Este especialista botánico y geólogo puso sus ojos en esta cima tras visualizarlo desde la cima del Midi de Bigorre en 1787. Tras varios intentos, finalmente lo lograría en 1802 acompañado de dos guías y un pastor de Pineta, y así saldar la controversia con Dolomiu y Lapeyrouse sobre la edad primitiva del calcáreo de la cadena central. Este hecho eclipsó e hizo pasar inadvertida la ascensión al Teide en 1799 por parte Humboldt. Esta ascensión abrió las puertas hacia la búsqueda de alta montaña, la pericia, perseguir rutas difíciles y con riesgo, el aislamiento y la libertad en la naturaleza. Tras Ramond llegaron otros alpinistas franceses (la gran mayoría científicos, geólogos, biólogos, geógrafos, glaciólogos, literatos, dibujantes…) como P.Barrau, Cordier, Rusell, Cazaux, Tchihatcheff y Franqueville (estos dos últimos alcanzan la cima del Aneto en 1842) para tomar el protagonismo y asediar las grandes cimas pirenaicas . Así, durante el siglo XIX se produjo una gran actividad exploratoria que propició importantes avances en materia topográfica y la difusión del propio pirineismo a través de románticos relatos.

Algo más tarde, a mediados de siglo, se establece la edad de oro del alpinismo inglés. Es un tiempo de conquista para esta generación de alpinistas que no conciben ninguna cumbre si no es para vencerla, viendo así ascendidas la mayoría de las montañas más altas de Alpes.

E.Whymper será uno de sus principales exponentes y pasará a formar parte de la historia grande del alpinismo al conquistar junto a M.Croz la última de las grandes cimas pendiente en 1865, El Cervino, la cima inaccesible.

Lamentablemente, durante el descenso un miembro de la expedición resbaló arrastrando a Croz y otros tres componentes hacia el vacío, la cuerda al pasar por un bloque se tensó y cortó de forma que Whymper se salvó de una muerte segura y los otros 4 compañeros murieron.

Fueron necesarios 18 intentos, 15 de los cuales realizados entre Whymper y Carrell que competían por su conquista. Por a penas 200 metros la expedición de Whymper llegó primero, Carrell decepcionado al verles en la cima desistió y comenzó la retirada, no obstante éste realizaría días después la segunda ascensión al Cervino. Whymper por su parte, escaló esta montaña en 53 ocasiones, falleciendo en ella en 1890. Desde entonces se supo que cualquier montaña podría ser ascendida, por difícil o alta que fuera. Así, tras esta gran conquista, se comenzaron a trazar rutas más audaces, más difíciles y bellas. El Cervino ó Matterhorn. (4.478 mts.)

Nuevas montañas, aristas y paredes se abrían en la mente de los escaladores. Hasta ese momento se trataba de subir montañas para alcanzar su punto más alto por su ruta más sencilla, a partir de entonces se tratará de alcanzar las cimas más difíciles haciéndolas frente. Comienza aquí a desarrollarse una concepción más deportiva del alpinismo encarnada en el que se considera el padre del alpinismo moderno A.F. Mummery. La imaginación comenzaría a sustituir a las ansias de conquista.

Esta visión también se extendería a los propios Pirineos, escalándose la cara Norte del Monte Perdido en 1888 y el Couloir del Gaube en 1889 por Passet y Brull ó el Balaitus por Latour. Quedaban así diferenciados dos estilos el pirineismo y el alpinismo. “…El alpinismo es la escalada. El Pirineismo es menos el espíritu deportivo que le anima que la sed de libertad y de soledad, la atracción de lo pintoresco, de la aventura, de la penetración en el misterio de los aspectos secretos de la naturaleza.

«En tiempos de Rusell no se planteaba la dificultad por sí misma: él la superaba cuando se presentaba, simplemente.” Henri Brulle.

Cruzando al continente americano, los alpinistas europeos también perseguían coronar el codiciado Aconcagua (6.962 mts.), considerado hasta 1957 el único sietemil no asiático. Tras múltiples intentos fallidos, el inglés Edward A se queda a 500 mts de la cima, pero su guía M. Zurgriggen la consigue en solitario el 14 de Enero de 1897. Años más tarde, se realizaría la primera ascensión femenina y canina, pues A.Bance logra la cima en compañía de su perro y su marido en 1940.

Lejos de la intensa actividad alpinística durante el siglo XIX por parte de franceses e ingleses principalmente, a nivel nacional se destacan las ascensiones de Casiano de Prado, relevante geólogo e ingeniero gallego que aportó una información geográfica de gran importancia de los Picos de Europa gracias a su espíritu explorador el cual le hizo adentrarse en el corazón de un macizo hasta entonces muy desconocido, (asciende Torre Salinas en 1853 y el Llambrion en 1856).

En Pirineos, Manuel Herrera asciende el Aneto en 1855 y en otro estilo Indalcio Ventura da continuidad a Ponz en la exploración de Sierra nevada y monta una verdadera expedición con guías, cocineros, mozos…a fin de conocer en profundidad estas montañas. Sin embargo a pesar de ser unos años en los que la actividad de los montañeros y alpinistas españoles no era excesiva a finales de siglo se crean importantes sociedades montañeras de las que saldrían grandes alpinistas como el CEC (Centro Excursionista Catalán) en 1876, “amigos de la Sociedad Española de Excursiones1893, Sociedad Castellana de Excursiones en 1903 y Centro excursionista de Zamora en 1903.

Siglo XX

Primera ½ S.XX

El siglo XX trae la popularización del alpinismo y con ella precisamente la implantación del alpinismo sin guía y el concepto de “primero de cuerda”, ahora la ascensión sólo tiene valor si se ha realizado sin guía. La presencia de alpinistas británicos tanto en Alpes como en los grandes macizos fuera de Europa (Asia, Polo Sur…) es la nota predominante. Aquellos alpinistas, resultaban ser verdaderos aventureros llenos de ansia de explorar nuevos horizontes. Eran escritores, pintores, militares, cartógrafos, músicos, geólogos, espías británicos…que a parte de desarrollar una disciplina física también lo era espiritual, buscando constantemente la belleza en sus actividades y para los que la conquista de una cumbre no agota las posibilidades de descubrimiento de una montaña. Personajes como Mallory, Somervell, o Scott (explorador del Polo Sur) fueron algunos de sus principales representantes. Esta generación de alpinistas , quizás fueron los últimos aventureros románticos , antes de que el alpinismo tomara un marcada connotación deportiva. Igualmente también cambio el perfil de alpinistas que acudían a la montaña, el predominio de la aristocracia y la burguesía adinerada será sustituido por numerosos jóvenes entusiastas que encontrarían en las montañas un lugar donde poner a prueba sus energías, un lugar de entrenamiento, “vencer o morir”, “todo o nada”. Esa va a ser una filosofía muy extendida basada en Nietzsche y que propiciaría el surgimiento de la Escuela de Munich. Esta actitud tan arriesgada traería consigo grandes logros y terribles tragedias (Alpenverein contabliza 400 víctimas por temporada)

Mallory, el padre del alpinismo moderno, fue un alpinista valiente e innovador en cuanto a la visión de abrir nuevos horizontes en Himalaya y la apertura de nuevas rutas de dificultad en los Alpes. Este, asedió el Everest en varias ocasiones y el Nanga Parbat, montaña en la que falleció, abriendo la época de las grandes aventuras del Himalaya. Su filosofía :”cuando todo indica que por un lugar no se puede pasar, es necesario pasar. Se trata precisamente de eso”. Cabe señalar que aunque tras la muerte de Mallory el himayalismo continuó desarrollándose, su estilo tardó en volver a ser llevado a cabo, quizá por el riesgo que entrañaba, surgiendo así expediciones jerarquizadas, numerosas y con abundantes medios materiales en los años siguientes.

Avanza el siglo y Europa está inmersa en una crisis con el ascenso de las ideas fascistas. Los políticos usaron los alpinistas como portavoces de sus ideales y las grandes paredes se convirtieron en símbolos de la meta última del hombre que con su valentía, debía conquistar. Estas circunstancias hacen derivar a las hazañas alpinísticas una connotación nacionalista y de triunfalismo, se deja así atrás la ética tradicional y romántica del pasado. El propio Hitler convirtió la conquista del Nanga Parbat en una cuestión personal. Por su parte F.Younghsuband. Presidente de la Royal Geographic Society decía: “Si el hombre se mantiene en pie en la cima más alta del mundo, aumentará el orgullo y la confianza en sí mismo en su lucha por el dominio de la materia. Este es el incalculable valor que nos otorgará el ascenso al Everest”.

Esta rivalidad nacional alpinística, adquirió su máxima expresión en los llamados Tres últimos problemas de los Alpes, pues estos suponían una auténtico símbolo de fortaleza para la nación. En 1931, la cara Norte del Cervino la escalaban los alemanes, en el 1935 estos también conquistaban la cara Norte de las Grandes Jorases y en 1938 la Norte del Eiger era finalmente escalada por alemanes y austriacos. De esta manera la década de los 30 supuso un gran esplendor para el alpinismo alemán.

Paralelamente en estos inicios del siglo XX hombres como Tita Piaz, A. Dibona o H.Dulfer, marcan un estilo al buscar rutas verticales y difíciles en los Alpes y Dolomitas, quedando así ya en los años 20 claramente definido el concepto de la escalada libre (limitar al uso de pies y manos el sistema de progresión en la pared), una estilo que ya había comenzado a definirse en Alemania a finales del XIX. En 1925 queda establecida la escala de graduación, desarrollada por W. Welzenbach (activo escalador alemán fallecido en el intento de conquista del Nanga Parbat), de I a VI considerando el VI grado como la dificultad máxima posible que se pueda acometer sin matarse. Teniendo en cuenta que por aquel entonces las cuerdas utilizadas eran de cáñamo, era obligado que el primero de cuerda no debiera caerse. Es a lo largo de estos años cuando la escuela de Munich inaugura las primeras vías de VI grado, al tiempo que coge fuerza el uso de pitones como medio progresión (uno de sus precursores fue Otto Herzog), el mosquetón como sistema para pasar la cuerda y los estribos como herramientas de progresión dando luz a lo que sería la escalada artificial. Continuando con esta ética y dando una vuelta de tuerca a las dificultades planteadas hasta el momento surgen en la década de los 30 figuras claves en la historia del alpinismo como Comici, G.Gervasutti o R. Cassin escalando el mítico “Espolón Walker” en las Grandes Jorasses.

De manera anecdótica, es en este primer tercio del siglo nace la escalada en bloque en los bosques de Fontainebleau aunque ya había ingleses que desde el S.XVIII buscaban resolver bloques y hacia 1930 creaban un calzado específico para tales ascensiones. No obstante, no sería hasta los años 50 cuando comienza a tener una cierta repercusión con figuras como el gimnasta americano J.Gill, el cual introduce el uso del magnesio en la escalada (Primer 7a de bloque en 1950)

Si miramos dentro de nuestras fronteras, vemos como a parte del efecto nacionalista, este se mezcla con la sacralización de ciertos lugares montañosos como Covadonga, Montserrat ó Aránzazu.. Pero si tenemos que destacar un hecho del primer tercio de siglo, sin lugar a duda es la ascensión del Naranjo de Bulnes por su cara norte. “…La noche del 5 de Agosto de 1904 dos hombres bajaban casados y hambrientos, resbalándose por la pedrera de la canal del Camburero y buscando a gritos , en la oscuridad de la noche y vacío, algún pastor que pudiese darles cobijo y donde recuperarse y pasar la noche. En aquel momento el Marques de Villaviciosa Pedro Pidal y Gregorio Perez, el Cainejo, un humilde pastor del pueblo de Caín, no eran plenamente conscientes de que, con su primera escalada al Naranjo de Bulnes, terminaban de escribir la primera página de una historia llena de pasión y esfuerzo:la historia de la escalada en España y el nacimiento del alpinismo. Desde entonces, la figura monolítica del Naranjo de Bulnes se convertiría en una de las más importantes referencias, donde los alpinistas españoles de distintas generaciones se probarían. Todo ello explica que el Naranjo sea, desde estos comienzos, la montaña símbolo del alpinismo en España…” (El sentimiento de la Montaña). Podría decirse que representó lo que fue el Cervino en los Alpes.

A nivel internacional en España no existe un gran movimiento, aunque si existe actividades destacadas como la primera ascensión nacional al Aconcagua por parte de Maria Casals en 1947, aunque lamentablemente muere en el descenso.

Tras el parón obligado de actividad por la Segunda Guerra Mundial, la aparición y difusión de nuevos materiales y tecnologías (mejores vestimentas, plumiferos, botas (suela vibram), sacos…) mejores cuerda (paso del cáñamo al nylon a partir de los años 50), las primitivas hachas para tallar peldaños evolucionan hasta llegar a los piolets, más eficaces y manejables, crampones de 10 puntas (1909) y de 12 puntas (1929) , los mosquetones, las clavijas, los pitones de hielo…) sumado al surgimiento de una generación extraordinaria de alpinista hacen plantearse retos hasta ahora impensables.

El nuevo mapa político de Asia abre las posibilidades en la Cordillera del Himalaya. Franceses, ingleses, austriacos, alemanes e italianos, se reparten las grandes cimas de Himalaya conquistando entre 1950 y 1964 los 14 ochomiles.


Everest, monte (8.848 m) – Himalaya (Tibet, Nepal). 1953

K2, pico (8.611 m) – Karakórum (China, Pakistán).1954

Kangchenjunga, pico (8.586 m) – Himalaya (Nepal, China).1955

Lhotse, pico (8.516 m) – Himalaya (Nepal).1956

Makalu, pico (8.462 m) – Himalaya (Nepal, Tíbet).1955

Cho Oyu, pico (8.201 m) – Himalaya (Nepal, Tibet).1954

Dhaulagiri, pico (8.167 m) – Himalaya (Nepal).1960

Manaslu, pico (8.163 m) – Himalaya (Nepal).1956

Nanga Parbat, pico (8.125 m) – Karakórum (Pakistán).1953

Annapurna, pico (8.091 m) – Himalaya (Nepal).1950

Gasherbrum I, pico (8.068 m) – Karakórum (China, Pakistán, India).1958

Broad Peak, pico (8.047 m) – Karakórum (Pakistán).1957

Shisha Pangma, pico (8.046 m) – Himalaya (Tibet).1956

Gasherbrum II, pico (8.035 m) – Karakórum (Pakistán, China).1964


Entre los grandes alpinistas de la época destacan M.Herzog (primer ochomil, Annapurna 1950), Bonatti, Rebuffat (1º en escalar las seis nortes de los Alpes), Terray, Hillary (Everest, 1953), H. Buhl (Primera al Nanga Parbat en 1953. Una montaña con más de 30 muertos hasta su conquista), J. Hunt, K. Diemberg, Lacedelli, Compagnoni, C.Maestri

Por su parte durante toda la mitad del siglo XX en Alpes, estos mismos alpinistas destacados, entre otros pues es imposible nombrar aquí a todos, llevan a cabo una intensa actividad alpinística abriendo y repitiendo rutas cada vez más complejas y comprometidas. Lo intrépido del trazado sustituye a la lógica, se buscan unos valores estéticos, históricos y éticos y se comienza a separar la escalada libre de la artificial. Sin lugar a duda la aparición de los piés de gatos, comercializados por primera vez en 1948 por Pierre Alain, facilitó el desarrollo de estas escaladas. Posiblemente uno de los mayores exponentes y más representativos alpinistas de estos valores fue Walter Bonatti, el cual pondría fin a su carrera con una impresionante apertura en solitario a la Cara Norte del Cervino en 1965.

En España la Guerra Civil dejaba un panorama desolador, para la mayoría de los españoles sus circunstancias socioeconómicas eran penosas, con lo que casi una generación de montañeros se perdería en estos años. Suficiente tarea era sobrevivir y trabajar, como para pensar en escalar. No obstante, hubo, restringidamente una puntual aunque notable actividad escaladora.

Años 60

En los 50-60 los españoles comienzan a recuperar la actividad montañera y realizan las primeras salidas a los Andes, Alpes y algo más tarde, ya en los 70, Himalaya. Aparecen nombres como S. Rivas, T. Diaz, C.Soria, M. Bescós, Montaner, J.M. Anglada, Pedro Udaondo y la destacada cordada aragonesa Rabadá-Navarro con sus imponentes aperturas en Riglos, Ordesa ó la cara Oeste del Naranjo de Bulnes en 1962 ,considerada está el nacimiento del alpinismo moderno en España, al encontrarse a la altura de las grandes aperturas que estaban realizando en estos años en los Alpes, de nuevo el Naranjo de Bulnes volvía a ser protagonista de la historia del alpinismo español.

La vía soñada. Cara oeste del Naranjo de Bulnes.

Crónica integra que Alberto Rabadá escribió para montañeros de Aragón en 1962.


15 de agosto.

El clásico ritual de la preparación al pie de pared tiene hoy para mí un sabor distinto al de otras ascensiones: ¡por fin me veo ante la realidad de tantos sueños e ilusiones forjados desde que por primera vez (de esto hace ya siete u ocho años) viera la efigie de esta apasionante pared en una revista de montaña!

Hace de esto unos cuatro años: fue mi primer intento formal de establecer contacto con ella, junto con Domingo Arenas, de Barcelona, y dos compañeros más. A última hora tuvimos que desistir de ello por haber sufrido el primero una gran descarga que lo dejó, muy contra su voluntad, inutilizado para el resto de la temporada.

Por problemas laborales no había podido en los años siguientes volver a la carga, siendo a primeros de este año cuando decidimos con Navarro (que también tiene los suyos) solucionar éstos, de manera que podamos disponer del tiempo suficiente para un ataque en serio… ¡Comenzamos! El primer largo de cuerda nos sitúa en unos nichos herbosos, bajo una gran entosta que se inicia a unos 30 metros del suelo terminando unos cien más arriba.

El segundo corre a cargo de mi compañero… enseguida compruebo, a juzgar por sus jadeos, que no desmerece la opinión que de él nos habíamos formado… pronto necesita emplearse a fondo consiguiendo ganarle metros a la pared a costa de deshacerse los nudillos al intentar clavar los tacos de madera, escarpas y demás “ferretería” en esta semiciega fisura que durante cuarenta metros en continuo extraplomo lo conducirá al fin sobre la inestable fisura donde hacer reunión.

Nueva tirada (esta vez menos “agresiva”) y alcanzo un pequeño resalte donde, tras recuperar la mochila (que pesa como el plomo) y a mi compañero, que a su vez, recupera el material, nos preparamos a pasar nuestro primer vivac.


16 de agosto.

Mientras nos acomodamos en este “aéreo lecho” sobre la incómoda llambría que para este segundo vivac nos ha tocado en suerte, repasamos la labor del día…

Al igual que ayer, hoy también ha habido que “bregar”… La culminación de la entosta tras dos largos no muy difíciles… El arranque de ella por un tramo de pared lisa donde entre algún que otro buen clavo hay que usar de nuestra “artesanía rigloide”, ferretería corta… “pitoches”, “pitonisas”, con taquetes de madera… El corto desprendimiento al intentar forzar una placa de unos seis a ocho metros (más bien escasa de posibilidades) que nos separaba del principio de esta gran cicatriz en cuyo centro ahora nos encontramos, ¡eso sí, dispuestos, a pesar de lo incómodo de la postura, a apurar las pocas horas de descanso que nos brinda esta neblinosa noche.


17 de agosto.

Siguiendo la Cicatriz en toda su longitud (un largo de cuerda de los más bonitos de toda la pared) logra situarse Navarro junto a dos pequeñas oquedades que ya adivinábamos desde el suelo, punto de partida, según nuestros planes, para alcanzar el centro de la pared propiamente dicho, situado a unos –calculamos- cuarenta o cincuenta metros a la izquierda. A pesar de que al principio la pared ofrece algo de defensa, pronto se vuelve hostil, teniendo que echar mano, al fin del nada simpático Ramplux para poder progresar por ella.

Todos mis esfuerzos de tirar en diagonal se ven estrellados contra la configuración de la pared, que cada vez me va desviando más de la ruta preconcebida, encontrándome al final de la tirada situado treinta metros por encima de mi compañero, en lugar de estar a la izquierda, que era nuestro propósito.

Son ahora los esfuerzos de mi compañero los que se ven rechazados por la misma causa. Tratando de buscar un punto vulnerable ha remontado unos quince metros alcanzando una pequeña entosta desde donde se descuelga en péndulo unos metros… después de interminables probatinas decide que por allí tampoco es factible.

Como la noche ya se nos acerca, recupera el material colocado y regresa junto a mí… ¡y a deliberar se ha dicho!

Sopesamos las posibilidades en pro y en contra. Por una parte todavía doscientos cincuenta metros o más de pared por resolver, pared que, por lo que juzgamos, igual puede costar tres o cuatro días más, y comida y agua sólo queda para dos días escasos. Esto, junto con la duda de ¿y si hubiera que abandonar desde el otro lado de esta travesía, quizás ya en malas condiciones físicas por el esfuerzo de una a dos jornadas más de –no nos cabe la menor duda- dura batalla?

Por otra parte, convenir en que hacer montaña nunca nos supuso llevar las cosas a límites que pudieran ser nefastos, nos hace ponernos de acuerdo rápidamente en cuál va a ser nuestra conducta… ¡Haremos un entreacto!, como en las películas de largo metraje.

Ya tomada la decisión, la inmediata es buscar la salida. Ésta la efectuamos con un largo de cuarenta metros por una cornisa que tenemos a nuestra altura (cornisa que llamaremos del Entreacto) y que desemboca en un gran circo, al que en recuerdo de los montañeros santanderinos bautizamos el “Sardinero”… en él pasamos la noche bastante confortablemente.


Días 18 y 19.

De estos dos días el recuerdo ya es más fugaz; salir del circo del “Sardinero” por una cresta que lo limita con la canal de Tiros de la Torca con ayuda de algún clavo, descenso por la canal de la Celada hasta alcanzar el refugio, donde podemos contemplar a nuestro placer el “camino” recorrido y el que queda por recorrer de esta pared que, vista de nuevo, ahora, desde aquí, parece imponer más respeto.

Con el fin de mercar más provisiones nos dirigimos al parador de Áliva. De aquí nos encaminamos a la mina, donde podremos adquirirlos a un precio más “montañero”, siendo acogidos con un agradable trato de los muchachos que trabajan en ésta, al cual nosotros procuramos corresponder haciendo pronto una sana corriente de simpatía. Aquí pernoctamos.

Nuevo contacto con bilbaínos en Cabaña Verónica y apacible paseo hasta encontrarnos otra vez en el refugio Delgado Úbeda, donde me las valgo (modestia a un lado) para que Navarro me felicite por el soberbio condumio que preparo, el cual tengo que repetir a petición suya, pues le ha sabido a poco.

Mientras ascendemos por la canal de los Tiros de la Torca, ante la visión que se nos ofrece de la pared, llegamos a la conclusión de ¡qué miedo!… ¿y si nos fuéramos a la playuca de San Vicente de la Barquera?… ¡Pero no! ¿Qué diría Villarig? ¡Apunta, Navarro! ¡Por eso!


20 de agosto.

Con la noción del tiempo ya perdido –no sé cuántas horas está durando este largo de cuerda-… ensimismado en mis pensamientos he ido avanzando poco a poco hasta alcanzar una pequeña entosta donde ¡al fin! coloco un par de buenos clavos en directo; con cuatro clavos más –de ellos, dos “expansivos”- alcanzo otra entosta donde, ¡sorpresa!, cuando ya creía tener la travesía dominada, resulta que el punto queda todavía unos quince metros más a la izquierda y unos veinticinco por debajo de donde me hallo.

Al ver mi desencanto, Navarro me sugiere que descuelgue unos metros en Dülfer para ver qué se ve. Así lo hago y, conforme me va soltando cuerda, vuelven a mí los deseos de vencer que por un momento me habían flaqueado ante esta (suponía) nueva tentativa frustrada.

Lo que un poco quiméricamente pensamos en Zaragoza, ha sido la solución para resolver este problema… Gracias a este péndulo he conseguido acercarme a unos ocho metros del punto deseado. Las cuerdas no dan más de sí… es necesario parar en plena pared. Coloco dos buenos clavos y, suspendidos de ellos sobre estribos, paso la mochila (nuestra inseparable compañera). A continuación Navarro hará una serie de arriesgadas y hábiles maniobras de cuerda que me permitan disponer de ella para alcanzar la ansiada cornisa.

Se está ocultando el sol cuando al fin nos vemos reunidos en ella, no sin antes haber dejado colocado, y fijo a buenos clavos, un pasamanos de unos cuarenta metros para que “en caso de emergencia” en “un momento dado” nos asegure el retroceso de esta travesía, que tan en jaque nos ha tenido.

Aún aprovechamos las últimas claridades para remontar otra cornisa, donde preparamos nuestro vivac.


21 de agosto.

¡Hoy estamos contentos! Contra lo que esperábamos, es ya nuestro cuarto largo de cuerda y la pared cada vez va oponiendo menos resistencia. Otro largo más y Navarro alcanza una gran plataforma situada a unos trescientos cincuenta metros del suelo, la cual decido llamar “Plaza de Rocasolano” en recuerdo de la popular plazuela de las Delicias, en Zaragoza.

Aún quiere la pared oponer alguna resistencia, que pronto se ve arrollada por el empuje de Navarro, a golpe de pitoche y escarpa domina un aéreo y bonito paso que le hace gritar de júbilo.

Otro largo –esta vez a mi cargo-, y de pronto me encuentro a caballo en la arista entre la cara oeste y la norte, suspendido sobre la entrada de la canal de la Celada que se ve allá abajo… muy abajo.

Los largos de cuerda se suceden ya con rapidez: la inclinación de la pared y la abundancia de presas buenas y seguras permiten subir al segundo con la mochila puesta. Aún hay que colocar algún clavo… usar pies y manos en continua progresión. De pronto, ¡sobran las manos, los clavos… pisamos terreno llano!… ¡Es la antecima! Unos metros más, entre peñascos castigados por el rayo durante años y años, y alcanzamos el montoncete de piedra donde nos encontraremos el buzón-registro en el que dejamos la pequeña huella de nuestro paso; pequeña, comparada con la que la “excursión” por tan noble y hermosa pared nos ha dejado a nosotros.

¿Te acuerdas, Navarro, de lo prometido?… Mas líbranos del mal. Amén.

Estos excelentes escaladores fallecerían a 200 metros de la cumbre de la Norte del Eiger en su intento de escalarla en 1963 en una dramática ascensión escalando hasta la extenuación ante los ojos de todo el mundo. Su falta de experiencia en terrenos alpinos con nieve y el llevar crampones de 10 puntas en vez de 12 puntas, lo que les obligó a ir tallando peldaños en su progresión pueden ser alguna de las claves de tan fatídico desenlace.

Puede verse así, en este lento resurgimiento el retraso que se experimentó en España a nivel alpinístico en comparación al resto de Europa. A modo de ejemplo vemos que mientras el resto de Europa habían generalizado grandes expediciones en la primera mitad de siglo (primera en 1895, por británicos), no sería hasta 1974 cuando un español alcanza una cima de más de ochomil metros (Annapurna por Anglada, Pons y Civis); o ver que la primera ascensión a la Norte del Perdido es de 1888, por parted de R. de Monts y la primera española es en 1932 por E. Mallafré, J.Pique y C. Romeau y mientras el Mont Blanc se conquistaba en 1786 hasta 1855 no lo ascendía F. Harreta, siendo el primer español en esta cima. Es decir, arrastrábamos un marcado desfase en cuanto a cultura alpinista respecto a países como Francia, Alemania, Inglaterra o Italia que no comenzaría a recuperarse de una manera evidente hasta la década de los 80 “la edad de oro del alpinismo nacional en Chamonix”, no obstante las bases para que esta generación pudiera despegar las asentaron personajes como los ya mencionados Pons, Anglada, Guillamón, Regil, Salvador Rivas, Tudela, Carlos Soria…con sus primera y pioneras expediciones en España en la década de los 60 al Caúcaso, Andes y los propios Alpes.

A lo largo de los años 60 comienzan a aparecer en la escena alpina de Chamonix los primeros americanos procedentes de las fructíferas paredes de Yosemite donde han desarrollado y perfeccionado las estrategias y técnicas para escalar paredes verticales de gran longitud y dificultad, asentando la técnica del artificial. En 1958 se había conseguido escalar el Gran Capitán abriendo la via The Nose a cargo Warren Harding (principal aperturista), Wayne Merry, George Whitmore y Rich Calderwood. Hombres como Gary Heminng y Royal Robbins (eterno rival de Warren Harding) traen consigo materiales más modernos y entre otras muchas ascensiones consiguen enderezar la Oeste del Dru, trazando la conocida Directa Americana. Los ingleses Whillans y Bonington (uno de los más reconocidos alpinistas de la historia, gran defensor de la aventura en la montaña) resuelven el codiciado Pilar del Frêney al Mont Blanc, Bonington por su parte también realizaría numerosas primeras ascensiones en Himalaya.

La aparición de los seguros fijos o expansivos (buriles) en esta época, genera controversias en cuanto a la ética de las escaladas ocasionando conflictos entre escaladores cuando el artificial sobre buriles nubla la mentalidad aventurera, y rompe con el compromiso y la dificultad técnica de la escalada libre. Muchas de éstas polémicas en cuanto al uso de expansivos siguen vivas a día de hoy y razón de múltiples controversias entre la comunidad escaladora.

Tanto en roca como en hielo, de pronto se descubren las posibilidades de una pared y se llena de vías glaciares y mixtas en apenas una década gracias a la aportación de Chouinard con la implantación del piolet-martillo, con un diseño de hoja especial para facilitar la clavada, así da lugar el nacimiento de la técnica del piolet-tracción, la cual supera rápidamente tanto la frontal como la francesa.

Son unos años en los que la escalada libre se halla en decadencia, y pierde vigor ante el espectacular desarrollo del artificial. Disciplina que en los 70 vive sus años de máximo esplendor en Yosemite, lugar que se configura como epicentro mundial de la escalada. La aparición del “friend” gracias a Ray Jardine, y una moderna y arriesgada forma de vida que tiene en Jim Bridwell a su máximo exponente, caracteriza la escalada en roca como algo más que un deporte.

Años 70

La década de los 70 en Europa se trazan rutas en las que conviven el artificial y el libre, siendo en Inglaterra y Alemania donde se busca forzar al máximo la escalada libre con el uso de emplazamientos de seguro flotantes y escasas expansiones, y donde nacen los primeros séptimos de Europa (primer 7a de España, vía “Metamorfosis” en la Cabrera y también primer 8a mundial. Ambos en 1979).

Están acabado los años 60, Himalaya viene de haber tenido una auténtica edad de oro con la conquista de los 14 ochomiles en a penas 15 años, todas las grandes cimas se habían conquistado y revolucionar el momento presente parecía complicado, sin embargo a finales de la década irrumpe en escena Reinhold Messner , posiblemente el mejor alpinista de todos los tiempos rebasando los límites de lo posible. Durante veinte años revolucionará casi todas las facetas del alpinismo.

Fue el primero en escalar los 14 ochomiles siempre sin oxígeno, hizo el primer ochomil en estilo alpino con apertura incluida, el Gasherburn I; fue el primero en ascender en solitario y por una nueva vía, Nanga Parbat; el primero en subir el Everest sin oxígeno (también escaló su cara Norte en solo y sin oxígeno), cruzó la Antártida sin ayudas externas… En definitiva se trató de un auténtico explorador de zonas límites. Su actividad no solo se limitó al Himalaya en Dolomitas y Alpes también realizó aperturas y ascensiones de una incuestionable calidad.

Mientras en los Alpes y resto de Europa la evolución se limita a nuevas aperturas siguiendo el legado de los escaladores de antaño y reducir los horarios en las rutas clásicas, los alpinistas españoles comienzan a recuperar el tiempo perdido. El sistema democrático, recuperado en 1977, que implantará el modelo autonómico y unos nuevos valores, proporcionan un cambio de costumbres, de mejora de vida así como una mejora del nivel económico que irá en aumento de la mano de una extensión cultural, el gusto por el viaje y la aventura hará impulsar a los alpinistas españoles a salir con mayor frecuencia fuera de las fronteras. Además de un hábito creciente que se había ido formando en los años setenta, que comenzó en los Andes y se fue trasladando al Himalaya, la autonomías fomentaron actividades propias, entre ellas las expedicionarias. En 1974 J.M. Anglada, E. Civis y J. Pons ascienden en 1974 la cima Este del Annapurna (8.026 m.), no catalogada entre los 14 ochomiles, en 1975 G.Blazquez y J.Lopez son los primeros en llegar a uno de los 14 ochomiles, el Manaslu, en 1976 J.Camprubí asciende el Makalu y en el 1979 el I.Aldaya, J.Garayoa y J.Pons conquistan el Dhaulagiri.

Años 80

España entra en su época dorada del alpinismo, produciéndose importantes cambios filosóficos, culturales, sociales y deportivos, además el montañismo adquirirá divulgación, audiencia, presencia en revistas, periódicos, nace “Al filo de lo imposible”. Se podría decir que se había conseguido la mayoría de edad, exteriorizando, sobrepasando su tradicional condición de circuito cerrado. Así en 1980 Martín Zabaleta se convierte en el primer español en ascender el Everest y tres años más tarde Enric Lucas y Nill Bohigas lograrán una de las mejores actividades españolas de todos los tiempos, la escalada de la cara sur del Annaurna en estilo alpino. España estaba entrando en una época brillante del alpinismo en todas sus facetas, escalada en roca, en grandes paredes, escalada deportiva, en solitario, escalada en hielo, mixta, exploración de zonas montañosas remotas…actividades llevadas a cabo por alpinistas como Antonio Trabado, Javier Alonso, Juanjo San Sebastian, JC. Tamayo, Ferran Latorre o Juanito Oiarzabal (primer español y quinto del mundo en lograr los 14 ochomiles en 1999). Por su parte las primeras mujeres en un ochomil fueron M. Nos y M.Verge al conquistar el Cho Oyu (8.201 m) en 1989, estas abrirían el camino a otras alpinistas como Araceli Segarra o Edurne Pasaban, primera mujer en ascender los 14 ochomiles.

La senda marcada por Messner crea escuela y su estilo y filosofía de escalada tiene continuidad a lo largo de esta década. Las motivaciones y el sentimiento de los alpinistas variaron. El impulso íntimo y personal sustituyó a las viejas ideas de orgullo nacional. En unos pocos años, realmente brillantes, utilizando este estilo ligero, que desde entonces se denominaría alpino, británicos (D.Scott, A.MclIntyre, M.Fowler…), españoles (E.Lucas, N.Bohigas…), polacos (Kurtyca, Kukuczka…), alemanes (H.Kamerlander..), suizos (Loretan, Troillet…),eslovenos (T.Humar…)…llevarían a cabo una intensa y formidable actividad forzando las dificultades, la exposición, la altura y siempre con la mínima tecnología y logística y siempre firmes en su compromiso ideológico. Esta es la última gran transformación del montañismo nacido 200 años atrás.

Paralelamente en Europa se está produciendo el nacimiento de la escalada deportiva, se acepta la apertura desde arriba en las vías, y se adopta el uso de seguros fijos o expansiones como método de aseguramiento. La década de los 80 y Francia pueden considerarse como la fecha y el lugar de nacimiento de esta disciplina. Hasta 1987 los espit se plantan a mano; pero entonces aparece el taladro y los anclajes se fijan a menos distancia, lo que incrementa la seguridad y la dificultad. También surge la nueva cotación francesa, mediante la cual el VI clásico se convierte en 6a deportivo.

En Francia, escaladores como Patrick Edlinger, P. Berhault o Catherine Destivelle, se realzan como los fuertes pioneros en ésta disciplina. Pero son los alemanes Stefan Glowacz, Wolfgang Güllich y Kurt Albert los grandes escaladores deportivos de la década. Éste último diseña el concepto del Punto Rojo (RotPunkt) que consiste en encadenar una vía de abajo a arriba sin caerse y sin progresar sobre ningún seguro. Este grupo de escaladores, entre otros muchos, llevarían su gran nivel deportivo a las grandes paredes de Europa y del mundo (Himalaya, Andes, Patagonía..) liberando rutas clásicas y realizando extremas aperturas como Eterna Flame (7b+/A2. Kurt Albert Güllich, Christof Stiegler y Milan Sykora) en la Torres del Trango o Riders of Storn (7c/A2. Kurt Albert, Bernd Arnold, Norbert Bätz, Peter Dittrich y Wolfgang Güllich); en la torre central del Paine.

Años 90

Esta mentalidad liberadora tendría continuidad en los 90, uno de sus momentos álgidos sin lugar a dudas fue el encadenamiento de The Nose en el Capitán por parte de Lynn Hill en 1995 marcando un nuevo hito en la historia de la escalada (actualmente sólo 4 escaladores han conseguido escalarla en libre).

Lo que en su día había sido un todo, una única disciplina; el montañismo, se subdivide en múltiples ramas con una especialización cada vez mayor. Escalada en bloque, deportiva, escalada clásica, artificial, escalada en hielo, mixta, dry tooling (surgen en estos años. Consiste en escalar muros de roca con piolet y crampón), himayalismo, senderismo, trail running….Asimismo las diferentes éticas y estilos con las que se puede una escalada en pared ó una ascensión en Himalaya, también ya habían sido plasmados a lo largo de los años por los alpinistas y escaladores de generaciones anteriores. Así pues, llegados a este punto tocaba decidir que tipo de actividades eran las que más motivaban y en que estilo y ética se iba a desarrollar. Las posibilidades son múltiples y cada individuo se pone sus propias reglas de juego.

Esta proliferación de la montaña a todos los niveles trajo consigo la ya imparable aparición de la mercantilización del montañismo, especialmente en Himalaya y que hoy en día sigue si cabe cada vez más presente.

Lo que ha ocurrido en el Himalaya tiene una explicación clara: gran parte del ochomilismo se rige por las reglas del mercado, gestionado a través de patrocinadores privados y subvenciones oficiales. Es un fiel reflejo del modelo económico neoliberal, donde todo tiene un precio y el que paga manda. Los ochomiles se han convertido en una mercancía, con valor de uso y valor de cambio. Quien tenga el capricho de sacarse una foto en la cima del Everest puede lograrlo si cumple tres requisitos: excelente preparación física, adaptación a la altura y 40.000 €. Las expediciones dejan de ser un grupo de alpinistas con igualdad de oportunidades respecto a las opciones de cumbre. Además de los sherpas, todo el equipo está al servicio de la persona elegida por el patrocinador (empresario o político) para aparecer ante las cámaras convertida en soporte publicitario humano. Las ambiciones, sobre todo en la montaña, conllevan un alto precio humano. Para entenderlo basta saber que en el Everest a partir de los 8000 metros hay unos 40 cadáveres visibles. La necesidad de compartir gastos forma extrañas cordadas. Las condiciones impuestas por los patrocinadores fuerzan a despreciar la seguridad. En este modelo no cabe el compañerismo ni la solidaridad. Comportamientos admirables como el del rumano Horia Colibasanu, al intentar rescatar a lñaki Otxoa de Olza en el Annapurna, o el de Juan Vallejo bajando del K2 a Edurne y a Juanito, constituyen una excepción, en vez de la norma. Conscientes de la deriva mercantilista de las carreras ochomilistas, algunos expertos y respetables himalayistas procuran mantenerse fieles a la etíca, la estética y la historia del alpinismo, que diría Bonatti.

Bajo este marco que hemos definido el nivel y calidad de actividades alpinísticas también es cada vez mayor, los numerosos y buenos alpinistas que van surgiendo buscan embarcarse en aventuras de gran compromiso y dificultad tanto en Pirineos y Alpes como en las infinitas montañas del mundo (Pamir, Himalaya, Groenlandia…).

Por nombrar algunas de las figuras más destacada encontramos E.Loretan (segundo hombre en conseguir los 14 ochomiles sin oxígenos), A. Lowe (uno de los mejores alpinistas americanos de la historia), G.Kaltenbrunner, (primera mujer en ascender los 14 ochomiles sin oxígeno), A. Hubber (ha escalado 9A, ha realizado solos integrales en grandes paredes, ha ascendido ochomiles…), Simone Moro ( ha participado en 40 expediciones, 10 de ellas invernales en Himalaya)….

Dentro de nuestras fronteras también resulta imposible nombrar todos los grandes alpinistas que destacan en esta y posteriores décadas, no obstante mencionamos de forma anecdótica algunos de ellos como J.Sáenz y A. Bengoechea (exploradores de paredes verticales cargadas de compomiso en los Picos de Europa), J. Corominas (una vida dedicada al alpinismo, con la escalada Magic Line al K2 llega uno de sus momentos cúlmenes), A.Iñurrategui (tiene los 14 ochomiles y numeroso rutas en estilo alpino en Himalaya.), O.Cadiach (explorador de grandes paredes del mundo con 13 ochomiles), S. Elias (Piolet de oro en 1995), Silvia Vidal (auténtica exploradora y aventurera, en solitario ha realizado verdaderas vías extremas como la apertura en el Himalaya indio de la vía “Naufragi” (1.050 mts. A4+) pasando 25 días en la pared colgada)

Época Actual

Tras unas décadas donde el alpinismo estaba muy presente en las generaciones que comenzaban a hacer montaña hemos pasado a un momento actual donde el alpinismo no esta de moda. La sociedad nos manda por un camino lleno de comodidades; podemos pedir la comida desde casa, comprar todo lo que queramos desde un ordenador, para relacionarnos no es necesario mas que coger un móvil y la capacidad de sorprendernos queda muy reducida ante la era de la sobreinformación en la que vivimos. El salir al monte en busca de la incertidumbre pasando frio, calor, sed, hambre con grandes dosis de esfuerzo no vende. El resultado es el crecimiento exponencial de deportistas que practican la escalada indoor en rocódromos, la escalada deportiva y la escalada en bloque. Así un número cada vez mayor de practicante se encuentra en niveles de dificultad muy altos y que a penas hace 15 ó 20 años estaban reservado unos pocos elegidos.

No obstante, aunque la práctica del alpinismo no sea un fenómeno popular si que existen numerosos escaladores y alpinistas que mantienen en su filosofía de escalada los valores heredados de los grandes alpinistas buscando terrenos desconocidos, persiguiendo la incertidumbre de una ascensión, asediando nuevas líneas y comprometidas y difíciles vías . Las dificultades se han elevado notablemente a dia de hoy y para que una actividad tenga cierta relevancia ciertamente hay que forzar mucho los límites, esto indudablemente conlleva un alto factor de riesgo a parte de una gran fortaleza física.

En nuestro país nombres como Iker madoz, Oriol Baró o Manu Cordoba son representantes de este estilo de escalada.

Después de más de 200 años de historia del alpinismo nos encontramos con una clara segmentación de lo que fue en su día y la información y materiales que tenemos a disposición son infinitamente mejores. Hace 100 años escalaban con cuerdas de cáñamo, con bota dura, jerseys de lana de 2 kg y la información que podían recopilar llegaba a través del dibujo de un amigo o a través del pastor del pueblo más cercano…esta claro que sus medios eran muy básicos y su valor inversamente proporcional pero para la mente de estos alpinistas estos materiales y esta información era lo mejor que existía en la época, se sentirían afortunados por tener esta logística para asediar una pared. Hoy en día escalamos con cuerdas de nylon, Friends, mosquetones ultraligeros, vestimos con el sistema de capas a base de térmicas, soft-shell, primaloft, gore-gore tex y llevamos nuestro gps desde que salimos de casa. Sin lugar a duda que vamos a la última y con lo mejor que existe en el mercado. Así pues tenemos el mismo sentimiento que los alpinistas que partían a la montaña hace 100 años. De esta forma aunque nos adentremos en picos, ascensiones ó vías de escalada ya transitadas por cientos personas a lo largo de lo años podemos llegar a vivir las misma sensaciones que los pioneros cuando pasaban por estos lugares; aventura, emoción, soledad, esfuerzo, superación, compañerismo, sufrimiento, verticalidad, vacio…Da igual que estemos en siglo XXI y se hayan descubierto muchos rincones de nuestras montañas, nuestros ojos estarán viendo ese paraje por primera vez y la experiencia siempre será única, el terreno de juego que tenemos es infinito y los límites, las reglas, el estilo, la ética…solo dependen de nosotros mismos. Es por ello que el alpinismo, montañismo, pirineismo o como queramos llamarlo nunca estará desfasado, pues su secreto se encuentra en el espíritu de las personas.

¡¡¡Que nunca falte una montaña en tus sueños!!!

Frases Célebres

La alquimia del alpinismo de tan difícil explicación puede verse algo clarificada con algunas de las siguientes frases extraidas de relevantes personajes del montañismo:

“La aventura más intensa que se puede vivir hoy está en la exposición , no en la posibilidad de caer , no en el frío , no en la superación de las dificultades. La exposición, que es asomarse a la pura infinitud, bajo la inmensidad del cielo , enfrentándose con las leyes de la naturaleza y siendo conscientes de que no hay apoyos externos, esa es la dimensión con la que alcanzamos la comprensión de nosotros mismos, Porque en realidad somos seres perdidos en esta nuestra Tierra, en el cosmo , en lo infinito. Y la muerte no es nada más que la soledad absoluta, la inifinitud perfecta” Reinohold Messner.


“Que es la aventura. Es un salto hacia la plenitud: la aventura es el tiempo lleno. Es el tiempo ue ya no es oro, sino autentica riqueza, el que no sirve de justificación a ningún salario, el tiempo imposible de comprar o vender es el tiempo que no se pierde, que no pasa, que no hay que matar ,,!no es ocio!, es el tiempo que no es tiempo sino eternidad o , mejor, es el tiempo intensiovo, el tiempo apasionado….” F .Savater.


“El aceptar llevar una mochila, dormir más o menos bien en un refugio, a veces en un vivac, tener frío y luego calor, quizá también hambre y desde luego sed; partir sabiendo que no se podrá interrumpir el juego, es decir la ascensión, aunque se experimente fatiga o el tiempo empeore…Es un hermoso sentimiento, sobre todo en nuestra época que olvida cada vez más que se poseen unos músculos y una cabeza que no exigenf sino ser empleados y cuya fatiga nos procura una paz e incluso una alegría interiores…en una época en que todo está cada vez más previsto, programado y organizado, poder extraviarse pronto será una delicia y un lujo excepcionales” J:A.Carrel.


“El fondo del sentimiento de la montaña estriba en que el verdadero montañismo- el más frecuente- no es juego añadido, sino que implica la vida. Es decir, por un lado la atracción de la montaña se mantiene como un eje vital en el desarrollo y la peripecia de la fpersona; además, su práctica requiere voluntad, proyectos, entrega, esfuerzo- a veces valentía y generosidadf- tiempo, internamiento en un mundo distinto y posesivo , dicho de otro modo, requiere vida, se vive al llevarlo a cabo , se loe conceden días, noches, temporadas que constituyen pasados, presentesf y futuros, que remodelan a las personasy establecen lazos de comunidad entre ellas; hay gozo frecuente y hay exigencia de capacidad de superación de adversidades; por último, el montañismo intensifica la sensación vital por la extrema fuerza y belleza del escenario, por la obligación de una respuesta activa y por la tensión de ciertas experiencias, a veces en los límites de la vida.” E.M. De Pisón.


“La montaña es un lugar de gozo y exaltación, no de competición, un campo de aventura donde deben estar presentes la soledad, la incógnita y la sorpresa: moverme en una naturaleza grandiosa y genuina, a la que me siento vinculado, medirme sobre todo conmigo mismo, encontrar mi identidad, en una palabra; la realización… La montaña me ha enseñado, a ser honesto conmigo mismo y con lo que hago…De ahí la importancia de fortalecer el espíritu, de elegir lo que se quiere ser. Y una vez elegida una dirección, se debe ser lo suficientemente fuerte como para no sucumbir a a la tentación de tomar otra. Naturalmente, el precio que hay que pagar para permanecer fieles a este “orden” es altísimo.En lo que a mi respeta, el patrimonio espiritual que he obtenido es proporcional…. En mi corazón tengo la total certeza de que no existen metas regaladas.” Bonatti.


Bibliografía

El sentimiento de la montaña. M. de Pisón y Sebastián Alvaro.

Rabadá – Navarro. A.Planas y David Planas.

Enciclopedia de Montaña. Ediciones desnivel.

Blog de Luis Alejos

Blog de OS20

www.barrabes.com

www.desnivel.com

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